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Recrear viajes con las manos

Nota por Martina Álvarez
Instagram: @martinaalvarezmar

 

Algunos viajan persiguiendo olas, otros para perderse en las montaña. Vayas donde vayas nunca falta un artesano. Son viajeros eternos que recorren el mundo creando. Venden collares que son recuerdos, tejen ideas que representan una cultura y bordan tradiciones. Dedican su tiempo a hacer trabajos únicos que otros viajeros se llevan como amuletos, con piedras características del lugar, cargados de energía y amor por la persona que los creó. 

Inés Rodriguez Vazquez (28) Argentina y viajera, empezó haciendo artesanías casi de casualidad en Australia Byron Bay. Al principio, hacía trenzas ayudando en un local, el trabajo le parecía tan perfecto que nunca pensó que podía vivir de eso. Hoy, a dos años de su vuelta a Buenos Aires trajo a casa lo que más disfrutó del viaje: crear con las manos. Fundó “Mundo Filo” junto a su socia Dominique Gutierrez, un emprendimiento de bordados, intervenciones en ropa, accesorios y deco. “Todo hecho a mano y con amor”. Su taller queda en Tigre, junto al río, donde entre caracoles, piedras y plumas, fabrican piezas únicas inspiradas en sus experiencias viajeras.


¿Cómo comenzaste a vender artesanías?

Fue en Byron Bay, 6 meses después de haber llegado a Australia en 2014. Era invierno, temporada baja, y el pueblo estaba vacío. Había oído hablar mucho de ese lugar y estaba decidida a quedarme, no importaba haciendo qué. Contra todo pronóstico, se dió fácil y empecé a trabajar en un local de accesorios para una Holandesa. Al principio el trabajo era atender el local, hacer trenzas y apliques de plumas a la gente. Siempre me gustaron las manualidades, y me entusiasmaba la idea de volver a ponerme en la situación de “crear con las manos”, pero, al final la experiencia fue más allá: me ayudó a reconectarme con lo artesanal y sobre todo, con mi propia creatividad.

¿En qué consistía tu trabajo?

A medida que pasó el tiempo, la dueña del local empezó a darme más espacio y libertad para crear. Hacía muchos de los accesorios que vendíamos en el negocio, así que pasaba mis días entre hilos, caracoles, piedras, plumas y dijes. También empecé a vender mis artesanías con una amiga en un mercado que se hacía los sábados. Juntabamos caracoles, tronquitos, cañas de bambu y los transformabamos en móviles, atrapasueños, colgantes. En una de mis visitas a Argentina había aprendido a bordar, asi que de a poco se incorporaban telas con mensajes bordados y los cuadritos.

Nunca me lo tomé en serio. Por más que trabajaba sin parar, mi concepto de trabajo era otra cosa. Y esto era tan perfecto que no podía creerlo.

¿Qué fue lo que más disfrutaste en tu experiencia como viajera?

Creo que lo más lindo del viaje es conectar con un lado de la vida más simple, presente, y verdadera. En el viaje hay que sobrevivir, y para eso hay que ser creativos, hay que estar atentos a las oportunidades. Para sobrevivir hay que desafiar límites, derrumbar prejuicios, ponerse en situaciones incómodas, abrirse a conocer gente nueva, preguntar, explorar, animarse. Y en verdad eso se traslada a la vida, estemos o no lejos de casa, porque la vida en si es un tremendo viaje en el que estamos sobreviviendo todo el tiempo. Si algo me enseñó el viaje fue que esa manera de vivir es la que quiero mantener siempre, no importa qué este haciendo o dónde.

¿Cómo arrancaste a viajar?

Al principio la dinámica era irme y volver. Visité Costa Rica, Panamá, Ecuador, Perú, Brasil, Bariloche, Sudáfrica, México, India, Nepal, y varios paises del Sudeste Asiático. Viajar me conectaba con una sensación de libertad muy fuerte ¡Es cierto que uno crea la vida que tiene, y las posibilidades de creación son infinitas! Más adelante cuando aparecio la idea de irme a Australia, ya no había una vuelta clara en los planes. Y ahora la libertad se me presentaba en forma “sin fin” ¿Qué importa hasta cuándo?

¿Cómo fue la vuelta?

Nunca la llame vuelta. No lo tomaba (y todavía no lo considero) como algo definitivo. Llegué desafiando a Buenos Aires, bastante desconfiada de lo que la ciudad tenía para ofrecerme, con un pié acá y otro en cualquier lugar del mundo.

Hoy hace 2 años estoy acá. Vivo en Tigre y el mar se transformo en río. Me asocié con una amiga que conocí en Byron Bay y arrancamos con “Mundo Filo”, un proyecto de bordados e intervención textil. Abrimos un espacio que se llama La Quinta de Tigre, que ademas de ser nuestro taller de arte, es vivero y café. Empezamos a dar seminarios de arte textil, cursos de bordado y a trabajar con diseñadoras, marcas y emprendimientos.

También hacemos atrapasueños, móviles y accesorios como hacía en Byron Bay. Ya no junto yo los caracoles todas las mañanas, pero siempre que algún amigo va a la playa me trae su bolsita. Encontré la manera de traerme las plumas naturales que vendía en Australia y ahora las pongo en mi taller y en festivales y ferias. Este año trabajamos por segunda vez en el Lollapalooza, donde estuvimos haciendo una acción para Corona, realizando trenzas y apliques de plumas a la gente.

¿Cómo te encontraste haciendo eso que considerabas un hobby?

Siempre digo que no hubiera podido hacerlo de otra manera. Después de tanto viaje, no podía permitirme no disfrutar de mi vida. Ya sabía que con tantas opciones alrededor del mundo, no tenía excusas para quejarme por estar haciendo algo que no me gustara. Siempre es difícil animarse a emprender, confiar, entregarse a la posibilidad de no llegar a fin de mes, pero en este momento puedo darme el lujo de correr ese riesgo.

¿Qué es lo que más disfrutas de tu trabajo?

Disfruto de no saber que día de la semana es, no sufrir los domingos ni alegrarme los viernes. Me encanta exigirme de más, y ejercitar todo el tiempo la creatividad. Tuve que ordenarme, poner horarios fijos de laburo y hacer calendarios pero no me pesan como antes. El trabajo artesanal no te permite hacer dos veces lo mismo, por más que se repitan diseños o colores, nunca el resultado es igual. Me encanta sentir que algo de mi identidad se ve reflejada con este proyecto, y que estoy siendo coherente con ese espíritu viajero simple, presente y verdadero que tantas cosas lindas me dio.

 

❤ Podés mirar las cosas copadas que hace en
Instagram: @mundo.filo
FB: /mundo-filo

Xinca, estar a la moda cuidando el planeta

¿Puede un producto ofrecer una solución ambiental y también social? 3 jovénes emprendedores de Mendoza lo lograron. Nazareno El Hom, Alejandro Maglor y Ezequiel Gatti son los creadores de Xinca “ecoshoes”. Zapatillas hechas con material reusable y fabricadas por gente privada de su libertad ¡No te pierdas cómo emprendieron este proyecto sustentable!


Entrevista a Nazareno El Hom uno de los Creadores de Xinca 
Por Martina Álvarez @martinaalvarezmar

 

¿Cómo surgió Xinca?

Alinear nuestro trabajo diario con lo que queríamos ser como personas nos inspiró a crear Xinca. Nos pasaba que por un lado laburábamos y por otro lado cumplíamos con nuestra demanda interior de colaborar con la integración social y el cuidado del medio ambiente. Hace unos años, nos encontramos los 3 en la misma situación: buscando un lugar donde poder ser la misma persona todo el tiempo. Nos sentíamos partidos al medio y nos impulsaba el hacer las cosas de un modo diferente. Simplemente pensábamos que podíamos hacer una empresa mejor de las que conocíamos. Crear un negocio que enriqueciera nuestras vidas y las de los demás.

¿Cómo es trabajar con gente de la cárcel?

Trabajamos con más de 80 internos de la Prisión San Felipe, en Mendoza y con diversas organizaciones que desarrollan  los procesos productivos. 

Hemos tenidos diversas experiencias, dentro y fuera de la penitenciaria. La experiencia es muy positiva, hay mucha gente que no ha tenido trabajo nunca y su primer experiencia es dentro de un penal. 

El trabajo es transformador, por que no solo es un simple proceso sino que es un medio de desarrollo de habilidades, creativo y emocional; además del económico.

¿A qué aspiran con el proyecto?

Buscamos crear alianzas con empresas, organizaciones y personas que comparten nuestros valores, quieran usar nuestros productos y ayudar, desde su lugar, a construir un mundo mejor. 

 Aspiramos a ser una marca internacional que genere impacto ambiental y social en cada lugar donde se vendan nuestros productos. Queremos ser algo más que una marca de zapatillas. Queremos inspirar, contagiar a una nueva generación de emprendedores.

¿Qué buscan con este cambio?

Creemos que estamos a tiempo de cambiar el destino del mundo. Trabajamos por nuestro propósito de generar mejor calidad de vida para las personas que están involucradas en el ecosistema Xinca.

Para nosotros lo más importante es saber que todos los días elegimos ser parte de este cambio, de estas nuevas economías, de estas nuevas formas de hacer negocios, de estas nuevas formas de producir y consumir. Ojalá cada vez seamos más los emprendedores que construimos desde esta lógica. Teniendo en cuenta a las personas y al planeta, y no sólo la rentabilidad.

¿Cómo llegaron a preocuparse por la naturaleza?

Cada vez es más común ver como estamos destruyendo el planeta, nuestra casa. Nos llama la atención la cantidad de basura que generamos y el poco estado de conciencia que hay sobre esto.

Cuando vas a una playa, un lago, un río o una montaña y encontrás un escenario de descuido, te dá mucha bronca y es cuando realmente te preguntas cómo podés cambiar lo que está pasado. La clave es entrar en ese estado de conciencia que te permite mirar más allá de lo que pasa por tus pies.

¿Cómo les gustaría que sea Xinca en el futuro?

Como empresa, no somos perfectos, ni tenemos todas las respuestas, pero frente a un paisaje en constante cambio, siempre buscamos y nos comprometemos con la mejor y más sostenible forma de hacer nuestros productos para mejorar el mundo que nos rodea y así también nuestro futuro. Innovando donde sea necesario.

Hay muchas oportunidades de que podamos torcer el rumbo de nuestro planeta tanto social como ambientalmente, solo es responsabilidad de cada uno de nosotros de ser parte del cambio.

♥  Podés conocer sus zapatillas en la web de Xinca / instagram @xinca_eco_shoes