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De arquitecto a fotógrafo de surf en Sri Lanka

Alejo Achaval decidió dejar su vida en Argentina para irse a viajar detrás de un arte: la fotografía. Vivió en Sri Lanka durante un año, donde estuvo entre olas y elefantes, siempre retratando su deporte favorito, el surf. A través de sus postales podemos viajar por Nepal, Australia, España, Portugal y muchos otros exóticos destinos a los que viaja bien acompañado por su tabla y la cámara.

Nota por Martina Álvarez @martinaalvarezmar 

 

Alejo Achaval

¿Cómo era tu vida en Argentina? ¿Cómo te sentías con lo que hacías? 

Si la tuviese que describir en una palabra: cómoda. Trabajaba como arquitecto y me gustaba, pero era lunes y ya estaba pensando en lugares para irme el fin de semana o en las vacaciones. Tenía trabajo, amigos, auto, bici y alquilaba un departamento lindísimo en Palermo Soho pero por alguna razón me sentía estancado, me faltaba algo. Mi relación con la fotografía era esporádica en Buenos Aires. Únicamente sacaba fotos en mis viajes y escapadas.

¿Cómo surgió la idea de viajar con la fotografía? 

El viaje surgió a partir una búsqueda interna que estaba atravesando, una inquietud que sentía por vivir algo distinto. Busque un destino que sea ideal para vivir en términos de calidad de vida y trabajo. La fotografía fue un objetivo que puse en un momento de desconcierto respecto a lo que estaba haciendo. Pensé en aprovechar ahora que tenía el tiempo y la inspiración para hacer algo que me gustara. Así armé un portfolio sólido y empecé a patrocinarme a mí mismo para hacer lo que quería y no esperar a que me caiga del cielo. 

¿Cómo fue tu recorrido hasta ahora?

Comenzó por Europa con Inglaterra y siguió por Portugal, España, Suecia, Holanda y Alemania. Luego me fui a Asia, donde recorrí Nepal, seguí por la India (lugar en el que me quedé un año) y terminé en Australia, donde hoy vivo.

 

¿Cómo llegaste a trabajar en Sri Lanka ?

Quería recorrer India, me fui a Kerala para luego comenzar a viajar en dirección norte a lo largo de la costa pero ni bien empecé me topé accidentalmente con una argentina que trabajaba en Soul & Surf India y me ofreció el puesto como fotógrafo por la temporada baja en Sri Lanka. Sin dudarlo me subí al primer vuelo disponible para Colombo y cambié mis planes. Yo considero este momento de mi viaje como un punto de inflexión en mi vida personal y profesional.

¿Qué sentiste cuando vendiste tu primera foto de surf?

Fue una sensación muy linda. De golpe me cayó la ficha y me di cuenta que estaba viviendo de la fotografía y que mi oficina era la playa o la naturaleza. En medio de un paraíso encontré una estabilidad con un trabajo soñado después de tanto viaje e incertidumbre.

Además de Sri Lanka ¿Hubo algún otro país en el que hayas tenido una experiencia fotográfica fuerte?

Nepal fue muy importante porque realicé un proyecto fotográfico que estaba esperando hace mucho: Un trek de 24 días al campamento base del Kanchenjunga, el tercer pico mas alto del mundo un recorrido poco conocido y remoto en medio de los Himalayas junto a la frontera con India y Tíbet.

Quería ver el Nepal verdadero y no turístico. Necesitaba capturar la mística de los Himalayas en un estado más puro y fiel a su pasado. Sin duda una de las experiencias más increíbles de mi vida.

Si tu arte tuviera un mensaje escrito ¿Cuál sería?

Mi arte viene con la intención de inspirar. Trato de transmitirlo a través de las cosas que amo y en ese proceso lograr que algunas personas se identifiquen con mis fotos.

¿Hubo alguna persona especial que te haya inspirado en el camino?

Si hay algo que pasa cuando arrancas un viaje así es conocer tanta gente que te inspira y da ese empujón para que sigas haciendo lo que haces. Me encontré con mucha gente en sintonías similares y cada uno me aportó algo.

En términos de la fotografía una de mis mayores inspiraciones es Woody Gooch, un chico australiano al cual considero un distinto en la industria del surf. Otros fotógrafos a los que admiro son Shawn Theodore, Harry Mark, Guy Bourdin, Diego Weisz y Ben Osborne.

¿Cómo te imaginas en el futuro?

Si hago a una regresión a cuando tenía 18 años y me imaginaba donde estaría a los 30…no pegué una sola cosa de lo que creí que iba a estar haciendo. Cuando haces un viaje así aprendes a no pensar más en el futuro. En donde voy a estar de acá a unos años es una incertidumbre que estoy abierto a recibir venga cómo venga.

Me di cuenta de que, si uno está pendiente del futuro, se olvida de lo que uno está haciendo hoy y hasta quizás queda cegado del hecho que quizás ya estás haciendo lo que querías, pero con un enfoque distinto al que te imaginabas. Ese fue mi caso. Me dije quiero ser fotógrafo, que me paguen para sacar fotos de surf, salir en revistas y de golpe te das cuenta de que todo eso me estaba nublando del hecho de que ya lo estaba haciendo. Solo porque no aparezca en la portada de Surfer Magazine o le saque fotos a Craig Anderson no significa que no pueda vivir del surf o el entorno que lo rodea.

❤ Podés encontrar sus fotos en:
Instagram: @alejoachaval 
Web: www.alejoachaval.com 

 

#KOM #Crouch #GoExplore #Travel #Surf #TravelWaves

 

Ser voluntaria en Calcuta, un viaje diferente

@belendominguez_  es enfermera, viajó a Asia junto a su mejor amiga para regalar sonrisas en la tierra donde la madre Teresa empezó su misión: Calcuta. Con sus 22 años decidió usar las vacaciones para ayudar a otros ¡Enteráte como fue esta increíble experiencia!

¿Por qué elegiste Calcuta?

Siempre admiré a la Madre Teresa de Calcuta y me parecía una linda idea ir al lugar donde ella empezó su misión con los más necesitados. Junto con mi mejor amiga, Manu, queríamos tener la experiencia de hacer un voluntariado fuera del país. Habiendo escuchado de la pobreza y miseria que se vive allí, nos pareció un lugar donde ibamos a ser utiles porque había mucho por hacer.

¿Cómo fue unir la vocación de enfermera con tu viaje?

Mi vocación no es solo ser enfermera, mi vocación es ayudar a las personas en cualquier situación y momento de su vida. En Calcuta pude acompañar a cada persona que vivía allí, aunque haya sido por un rato. Uno de mis objetivos del viaje era sacar sonrisas en la gente. Pero la que más sonrío fui yo cada día del viaje, porque es muchísimo más lo que se recibe que lo que se da. 

¿Cómo era un día de trabajo?

Empezaba con el despertador sonando a las 5.30 a.m para ir a misa. Era opcional asistir, pero en mi caso era más necesaria que el café para para poder arrancar la mañana. Desayunabamos y a las 7.20 partíamos para empezar las actividades. El voluntariado era a la mañana de 8 a 12, y a la tarde de 15 a 17. Cada voluntario era libre de anotarse en la casa y horario que quería. Con mi amiga estábamos anotadas a la mañana en Shishu Bhavan, en el dispensario, donde repartíamos medicación a las personas después de ser evaluadas por las hermanas. A la tarde ibamos dos veces por semana a Kalighat, la casa de los moribundos. Nuestro trabajo consistía en lavar la ropa y colgarla en la terraza, servirles la comida, lavar, secar y guardar los platos y por último y más importante, acompañar a cada una de las personas que vive ahí y sacarles una sonrisa.

Se trabajaba todos los días de la semana menos los jueves que teníamos el día libre. Compartir esta experiencia con mi mejor amiga también fue muy lindo, me dio fuerzas y acompañó en el proceso.

Me imagino que debió ser duro a veces ¿Qué te llevó a quedarte?

Ser voluntaria en Calcuta fue durísimo, pero elijo volver hoy y mil veces más. Lo que me llevó a quedarme fue la impronta de esa ciudad. Me permitió darme completamente al resto para poder ayudar y acompañar. Como dice la madre Teresa: “Dar hasta que duela y cuando duela dar aún más”.

¿Un recuerdo que te lleves?

El día que fuimos a Kheorapukur con las hermanas, un lugar en las afueras de Calcuta, a repartir medicación a gente carenciada, con mucha hambre y desesperada. Nuestro trabajo era escuchar a las personas y medicarlos según sus síntomas ¿Qué era esa medicación? Un paracetamol, un ibuprofeno o un antibiótico. Para recibirla la gente hacía fila desde el día anterior. Eran tantos que lamentablemente no pudimos medicar a todos. Hubo un grupo que se quedó del otro lado de la reja con la esperanza de que abran la puerta. Y de repente voló una piedra y le cayó a una mujer en la cabeza. Pude ver el caos, la desesperación y la violencia del lugar y entender porqué estabamos ahí.

Me ayudó mucho las tardes que pasábamos en el hostel, junto a una guitarra y un mate, donde tenía tiempo para pensar, procesar y escribir todo lo que vivimos. Era un momento para encontrar un poco de silencio interior en esa ciudad tan caótica y renovar energías.

¿Qué aprendiste en este viaje?

Lo que aprendí en Calcuta no se aprende en ningún otro lugar. En este viaje tuve mucho tiempo para encontrarme conmigo misma y reflexionar. Esta ciudad me cambió la mirada, me cambió la perspectiva de las cosas. Me hizo crecer muchísimo. Aprendí la importancia de vivir la simpleza de corazón. Vivíamos con poca ropa, sucias, comida que no variaba y casi no había agua caliente pero teníamos tanto. Esta ciudad de la India me enseñó que uno no puede hacer grandes cosas, sino cosas pequeñas pero con gran amor. Entendí la importancia de estar en movimiento y no quedarnos quietos y sobretodo no permanecer en la comodidad del día a día. Después de esa experiencia valoré el triple TODO lo que tengo y hay a mi alrededor y comprendí que hay cosas que no valen la pena, sino que valen la vida.

Una vez terminado el voluntariado me fui un mes con Manu a recorrer la India. Calcuta nos gustó tanto que la última semana de nuestro viaje nos dimos cuenta que lo único que queríamos era volver a la ciudad donde, a pesar de las circunstancias, todo era alegría. Sin dudarlo, lo hicimos y fue la mejor manera de cerrar nuestro viaje.

¿Querés ayudar? Si te interesa ser voluntaria entra a  www.motherteresa.org y anotate!

 

Nota por Martina Álvarez @martinaalvarezmar #Crouch #GoExplore #KeepOnMoving #KOM