Ser voluntaria en Calcuta, un viaje diferente

@belendominguez_  es enfermera, viajó a Asia junto a su mejor amiga para regalar sonrisas en la tierra donde la madre Teresa empezó su misión: Calcuta. Con sus 22 años decidió usar las vacaciones para ayudar a otros ¡Enteráte como fue esta increíble experiencia!

¿Por qué elegiste Calcuta?

Siempre admiré a la Madre Teresa de Calcuta y me parecía una linda idea ir al lugar donde ella empezó su misión con los más necesitados. Junto con mi mejor amiga, Manu, queríamos tener la experiencia de hacer un voluntariado fuera del país. Habiendo escuchado de la pobreza y miseria que se vive allí, nos pareció un lugar donde ibamos a ser utiles porque había mucho por hacer.

¿Cómo fue unir la vocación de enfermera con tu viaje?

Mi vocación no es solo ser enfermera, mi vocación es ayudar a las personas en cualquier situación y momento de su vida. En Calcuta pude acompañar a cada persona que vivía allí, aunque haya sido por un rato. Uno de mis objetivos del viaje era sacar sonrisas en la gente. Pero la que más sonrío fui yo cada día del viaje, porque es muchísimo más lo que se recibe que lo que se da. 

¿Cómo era un día de trabajo?

Empezaba con el despertador sonando a las 5.30 a.m para ir a misa. Era opcional asistir, pero en mi caso era más necesaria que el café para para poder arrancar la mañana. Desayunabamos y a las 7.20 partíamos para empezar las actividades. El voluntariado era a la mañana de 8 a 12, y a la tarde de 15 a 17. Cada voluntario era libre de anotarse en la casa y horario que quería. Con mi amiga estábamos anotadas a la mañana en Shishu Bhavan, en el dispensario, donde repartíamos medicación a las personas después de ser evaluadas por las hermanas. A la tarde ibamos dos veces por semana a Kalighat, la casa de los moribundos. Nuestro trabajo consistía en lavar la ropa y colgarla en la terraza, servirles la comida, lavar, secar y guardar los platos y por último y más importante, acompañar a cada una de las personas que vive ahí y sacarles una sonrisa.

Se trabajaba todos los días de la semana menos los jueves que teníamos el día libre. Compartir esta experiencia con mi mejor amiga también fue muy lindo, me dio fuerzas y acompañó en el proceso.

Me imagino que debió ser duro a veces ¿Qué te llevó a quedarte?

Ser voluntaria en Calcuta fue durísimo, pero elijo volver hoy y mil veces más. Lo que me llevó a quedarme fue la impronta de esa ciudad. Me permitió darme completamente al resto para poder ayudar y acompañar. Como dice la madre Teresa: “Dar hasta que duela y cuando duela dar aún más”.

¿Un recuerdo que te lleves?

El día que fuimos a Kheorapukur con las hermanas, un lugar en las afueras de Calcuta, a repartir medicación a gente carenciada, con mucha hambre y desesperada. Nuestro trabajo era escuchar a las personas y medicarlos según sus síntomas ¿Qué era esa medicación? Un paracetamol, un ibuprofeno o un antibiótico. Para recibirla la gente hacía fila desde el día anterior. Eran tantos que lamentablemente no pudimos medicar a todos. Hubo un grupo que se quedó del otro lado de la reja con la esperanza de que abran la puerta. Y de repente voló una piedra y le cayó a una mujer en la cabeza. Pude ver el caos, la desesperación y la violencia del lugar y entender porqué estabamos ahí.

Me ayudó mucho las tardes que pasábamos en el hostel, junto a una guitarra y un mate, donde tenía tiempo para pensar, procesar y escribir todo lo que vivimos. Era un momento para encontrar un poco de silencio interior en esa ciudad tan caótica y renovar energías.

¿Qué aprendiste en este viaje?

Lo que aprendí en Calcuta no se aprende en ningún otro lugar. En este viaje tuve mucho tiempo para encontrarme conmigo misma y reflexionar. Esta ciudad me cambió la mirada, me cambió la perspectiva de las cosas. Me hizo crecer muchísimo. Aprendí la importancia de vivir la simpleza de corazón. Vivíamos con poca ropa, sucias, comida que no variaba y casi no había agua caliente pero teníamos tanto. Esta ciudad de la India me enseñó que uno no puede hacer grandes cosas, sino cosas pequeñas pero con gran amor. Entendí la importancia de estar en movimiento y no quedarnos quietos y sobretodo no permanecer en la comodidad del día a día. Después de esa experiencia valoré el triple TODO lo que tengo y hay a mi alrededor y comprendí que hay cosas que no valen la pena, sino que valen la vida.

Una vez terminado el voluntariado me fui un mes con Manu a recorrer la India. Calcuta nos gustó tanto que la última semana de nuestro viaje nos dimos cuenta que lo único que queríamos era volver a la ciudad donde, a pesar de las circunstancias, todo era alegría. Sin dudarlo, lo hicimos y fue la mejor manera de cerrar nuestro viaje.

¿Querés ayudar? Si te interesa ser voluntaria entra a  www.motherteresa.org y anotate!

 

Nota por Martina Álvarez @martinaalvarezmar #Crouch #GoExplore #KeepOnMoving #KOM

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