Mes: abril 2018

10 razones por las que debes viajar con amigos

Nota por traveler Martina Álvarez
Instagram:@martinaalvarezmar

 

“La amistad duplica las alegrías y divide las angustias por la mitad” decía el filósofo Francis Bacon.  Desde Crouch creemos que viajar con amigos es algo que hay que hacer, al menos una vez en la vida. Acá te explicamos por qué:

1-            Trabajan en equipo: Viajando con amigos te das el lujo de poder ocuparte de las tareas que más te gustan cuando viajás. Tus amigos saben cocinar y a vos te gusta planear las actividades, ellos son buenos con los números y vos sos mejor hablando con la gente para pedir datos. Cada uno aporta lo suyo y se complementan.

2-            Todo lo que te olvidaste está en otra valija:  Por más años que tengas de viajero, olvidarse algo en la valija es un hecho. En un viaje con amigos la pasta de dientes nunca tiene dueño y más de una remera o buzo cambian de valija.

3-            ¡Superás tus límites! Viajando con un amigo hacés cosas que solo no hubieras hecho. A vos te gusta bucear y a tus amigos escalar, lo lindo de las diferencias es que te hacen salir de tu zona de confort y probar cosas nuevas.

5-            Es un pedacito de tu casa que llevás a todos lados: Los amigos nos conectan con nuestras raíces mientras recorren el mundo con nosotros. Es lindo viajar, expander tu cultura y conocer gente distinta pero a veces, durante un viaje, uno necesita volver a las raíces, hablar en su idioma original, comer algo nacional o contar historias de casa sin tener que dar mucha explicación sobre cómo es la vida allí.

5-            Se terminan las selfies en tus viajes: Siempre es más lindo una foto donde se ve el el lugar que estás conociendo y la naturaleza. Gracias a los viajes con amigos se terminan los primeros planos asesinos.

6-            Los problemas se pasan mejor: Cualquier problema que suceda en el viaje es mejor pasarlo acompañado. Enfermarse, perderse, lastimarse. Ahí es cuando la amistad viajera se convierte en familia y los vínculos se hacen más fuertes que nunca.

7-            Pueden revivir el viaje: Los amigo de viaje te conectan a la vuelta con tus aventuras. Juntos coleccionan muchos momentos que siempre podrán recordar. No sólo compartieron un paisaje, sino que comparten las emociones del lugar, incluso los procesos en los que cada uno estaba.

8-            Te contienen a la vuelta: Los amigos de viajes entienden mejor que nadie tu nostalgia y ganas de volver cuando la aventura se terminó.

9-            Es un eterno compañero de aventuras: Si las ganas de dar vueltas por el mundo continúan siempre van a ser los primeros que vas a invitar a que te acompañen y probablemente sean los más fáciles de convencer.

10-        Se conocen mejor: Por más que hayan compartido muchos momentos antes, viajar a veces genera espacios que en la rutina no se dan por cuestiones de tiempos. El viaje da lugar a nuevas charlas o distintas situaciones que fortalecen su amistad. Juntos van a coleccionar historias de las que van a reírse toda la vida.

Si te gusta viajar podés seguir nuestra KOMunidad viajera en instagram @crouch o suscribirte a #KeepOnMoving en el blog! 

Recrear viajes con las manos

Nota por Martina Álvarez
Instagram: @martinaalvarezmar

 

Algunos viajan persiguiendo olas, otros para perderse en las montaña. Vayas donde vayas nunca falta un artesano. Son viajeros eternos que recorren el mundo creando. Venden collares que son recuerdos, tejen ideas que representan una cultura y bordan tradiciones. Dedican su tiempo a hacer trabajos únicos que otros viajeros se llevan como amuletos, con piedras características del lugar, cargados de energía y amor por la persona que los creó. 

Inés Rodriguez Vazquez (28) Argentina y viajera, empezó haciendo artesanías casi de casualidad en Australia Byron Bay. Al principio, hacía trenzas ayudando en un local, el trabajo le parecía tan perfecto que nunca pensó que podía vivir de eso. Hoy, a dos años de su vuelta a Buenos Aires trajo a casa lo que más disfrutó del viaje: crear con las manos. Fundó “Mundo Filo” junto a su socia Dominique Gutierrez, un emprendimiento de bordados, intervenciones en ropa, accesorios y deco. “Todo hecho a mano y con amor”. Su taller queda en Tigre, junto al río, donde entre caracoles, piedras y plumas, fabrican piezas únicas inspiradas en sus experiencias viajeras.


¿Cómo comenzaste a vender artesanías?

Fue en Byron Bay, 6 meses después de haber llegado a Australia en 2014. Era invierno, temporada baja, y el pueblo estaba vacío. Había oído hablar mucho de ese lugar y estaba decidida a quedarme, no importaba haciendo qué. Contra todo pronóstico, se dió fácil y empecé a trabajar en un local de accesorios para una Holandesa. Al principio el trabajo era atender el local, hacer trenzas y apliques de plumas a la gente. Siempre me gustaron las manualidades, y me entusiasmaba la idea de volver a ponerme en la situación de “crear con las manos”, pero, al final la experiencia fue más allá: me ayudó a reconectarme con lo artesanal y sobre todo, con mi propia creatividad.

¿En qué consistía tu trabajo?

A medida que pasó el tiempo, la dueña del local empezó a darme más espacio y libertad para crear. Hacía muchos de los accesorios que vendíamos en el negocio, así que pasaba mis días entre hilos, caracoles, piedras, plumas y dijes. También empecé a vender mis artesanías con una amiga en un mercado que se hacía los sábados. Juntabamos caracoles, tronquitos, cañas de bambu y los transformabamos en móviles, atrapasueños, colgantes. En una de mis visitas a Argentina había aprendido a bordar, asi que de a poco se incorporaban telas con mensajes bordados y los cuadritos.

Nunca me lo tomé en serio. Por más que trabajaba sin parar, mi concepto de trabajo era otra cosa. Y esto era tan perfecto que no podía creerlo.

¿Qué fue lo que más disfrutaste en tu experiencia como viajera?

Creo que lo más lindo del viaje es conectar con un lado de la vida más simple, presente, y verdadera. En el viaje hay que sobrevivir, y para eso hay que ser creativos, hay que estar atentos a las oportunidades. Para sobrevivir hay que desafiar límites, derrumbar prejuicios, ponerse en situaciones incómodas, abrirse a conocer gente nueva, preguntar, explorar, animarse. Y en verdad eso se traslada a la vida, estemos o no lejos de casa, porque la vida en si es un tremendo viaje en el que estamos sobreviviendo todo el tiempo. Si algo me enseñó el viaje fue que esa manera de vivir es la que quiero mantener siempre, no importa qué este haciendo o dónde.

¿Cómo arrancaste a viajar?

Al principio la dinámica era irme y volver. Visité Costa Rica, Panamá, Ecuador, Perú, Brasil, Bariloche, Sudáfrica, México, India, Nepal, y varios paises del Sudeste Asiático. Viajar me conectaba con una sensación de libertad muy fuerte ¡Es cierto que uno crea la vida que tiene, y las posibilidades de creación son infinitas! Más adelante cuando aparecio la idea de irme a Australia, ya no había una vuelta clara en los planes. Y ahora la libertad se me presentaba en forma “sin fin” ¿Qué importa hasta cuándo?

¿Cómo fue la vuelta?

Nunca la llame vuelta. No lo tomaba (y todavía no lo considero) como algo definitivo. Llegué desafiando a Buenos Aires, bastante desconfiada de lo que la ciudad tenía para ofrecerme, con un pié acá y otro en cualquier lugar del mundo.

Hoy hace 2 años estoy acá. Vivo en Tigre y el mar se transformo en río. Me asocié con una amiga que conocí en Byron Bay y arrancamos con “Mundo Filo”, un proyecto de bordados e intervención textil. Abrimos un espacio que se llama La Quinta de Tigre, que ademas de ser nuestro taller de arte, es vivero y café. Empezamos a dar seminarios de arte textil, cursos de bordado y a trabajar con diseñadoras, marcas y emprendimientos.

También hacemos atrapasueños, móviles y accesorios como hacía en Byron Bay. Ya no junto yo los caracoles todas las mañanas, pero siempre que algún amigo va a la playa me trae su bolsita. Encontré la manera de traerme las plumas naturales que vendía en Australia y ahora las pongo en mi taller y en festivales y ferias. Este año trabajamos por segunda vez en el Lollapalooza, donde estuvimos haciendo una acción para Corona, realizando trenzas y apliques de plumas a la gente.

¿Cómo te encontraste haciendo eso que considerabas un hobby?

Siempre digo que no hubiera podido hacerlo de otra manera. Después de tanto viaje, no podía permitirme no disfrutar de mi vida. Ya sabía que con tantas opciones alrededor del mundo, no tenía excusas para quejarme por estar haciendo algo que no me gustara. Siempre es difícil animarse a emprender, confiar, entregarse a la posibilidad de no llegar a fin de mes, pero en este momento puedo darme el lujo de correr ese riesgo.

¿Qué es lo que más disfrutas de tu trabajo?

Disfruto de no saber que día de la semana es, no sufrir los domingos ni alegrarme los viernes. Me encanta exigirme de más, y ejercitar todo el tiempo la creatividad. Tuve que ordenarme, poner horarios fijos de laburo y hacer calendarios pero no me pesan como antes. El trabajo artesanal no te permite hacer dos veces lo mismo, por más que se repitan diseños o colores, nunca el resultado es igual. Me encanta sentir que algo de mi identidad se ve reflejada con este proyecto, y que estoy siendo coherente con ese espíritu viajero simple, presente y verdadero que tantas cosas lindas me dio.

 

❤ Podés mirar las cosas copadas que hace en
Instagram: @mundo.filo
FB: /mundo-filo

“El viaje mental” reflexiones de una viajera

Una reflexión para vivir la felicidad de un viaje en todos lados.


Escrito por Martina Álvarez
Instagram @martinaalvarezmar

 

Hay lugares que parece que te estaban esperando. Son esos rincones del mundo que descubrís en un viaje y te hacen brillar los ojos cuando hablás de ellos.

Puede ser un pueblo chiquitito, alguna isla o playa desierta. Quizás sólo un punto en una ciudad. Son lugares especiales donde vibrás más alto y evolucionás. Conectás con tu esencia.

Rincones que te despiertan sueños o ideas, que quizás estaban olvidadas. Lugares donde te permitís conversar con personas que, sin saberlo, te guían, te hacen reflexionar sobre tu camino. Son maestros de vida.

En estos espacios estoy segura que no tuviste la mejor casa o un auto lujoso para moverte. Tampoco creo que te hayas vestido con tus mejores ropas. Pero seguramente sí tuviste atardeceres, risas, noches de luna llena, estrellas y alguna ola.

Es fácil detectarlos y difícil encontrarlos. Esos espacios donde al llegar hasta el panadero sin conocerte te sonríe. Y cuando el viaje se termina te vas con una retorcida en la panza pensando cuándo podés volver.

Esos lugares quedan en el alma. Podés mostrar una foto, la postal más linda, pero aunque te esfuerces no logras transmitir la esencia del lugar. Sentís que jamás van a entender porqué  fuiste tan feliz en ese momento. En el aquí y ahora que estabas viviendo.

Son las experiencias las que hacen el viaje y forman al viajero. Una parte de esos puntos mágicos se queda con vos siempre, descoloca tu personalidad y tus creencias. Y hace que cuando alguien nos cuente que estuvo ahí se nos escape un suspiro de nostalgia.

Es importante siempre detenernos mentalmente en estos lugares. Son herramientas de felicidad. Llaves para entendernos, observar qué miedos vencimos, qué aprendizaje nos llevamos y qué es lo que tanto disfrutábamos. Si los entendemos quizás tengamos suerte y podamos repetirlo con o sin atardeceres naranjas.

Esos lugares nos dejan enseñanzas para aplicarlas a lo que yo considero que es el mayor desafío del viajero: Vivir el viaje mental constantemente. Lograr ser, todos los días, un viajero feliz cerca y lejos de casa.