Mes: enero 2018

Seamos un Árbol, la iniciativa que busca convertir los cementerios en bosques

Él fin de la vida puede ser el comienzo de una salvación ambiental. Seamos un árbol rompe con el tabú de la muerte y convierte el ritual fúnebre en una oportunidad para restaurar el planeta.  Este emprendimiento ofrece un nuevo concepto sobre la despedida de los seres queridos propone utilizar las cenizas del difunto para plantar un árbol en su nombre.

El proceso permitiría recordar a quien ya no está de una manera más alegre al devolverlo a la naturaleza y colaborar con la forestación. Los familiares y amigos participarían en el proceso de plantación, si así lo desean, acompañando el recuerdo que ahora estará asociado con la generación de la vida.

Jorge Bellsola, creador de esta iniciativa sustentable, sueña con cementerios verdes, donde se respire la naturaleza:“Imagino que los cementerios serán bosques, pulmones urbanos de recreación e introspección, llenos de vida. Me imagino a la gente entrando a los bosques, sentados, caminando, mirando hacia arriba, contemplando la sensibilidad de los árboles para con el mundo. Apreciando los colores, los aromas, los sonidos, la vida”.

Además del cambio estético y mental que esto significaría para la sociedad, es importante recordar que los árboles son necesarios ya que generan parte del oxígeno que respiramos, combaten el cambio climático y reducen la contaminación del aire, entre otras cosas.

Este proyecto surgió en el 2012 a partir de una búsqueda personal en la que Jorge quería generar un trabajo que disfrutara y ayudara al medio ambiente. El desafió de romper con el paradigma de la muerte y resignificarla fue un camino que muchos quisieron seguir.

Hasta el momento se han realizado 420 plantaciones en distintos cementerios de Argentina y se esperan que sean muchos más. ¨Sería entonces, cada vida, el motor de otra vida. Así, la vida y la muerte se estarían autoalimentando constantemente, tal como funciona en la naturaleza”.

 

Podés contactarlos en www.seamosunarbol.com – Instagram @seamosunarbol ❤

 

Seamos un Árbol, la organización que busca convertir los cementerios en bosques

El fin de una vida puede ser el comienzo de una salvación ambiental. Seamos un Árbol rompe con el tabú de la muerte y convierte el ritual fúnebre en una oportunidad para restaurar el planeta. Esta iniciativa ofrece un nuevo concepto sobre la despedida de los seres queridos y propone utilizar las cenizas del difunto para plantar un árbol en su nombre.

Esta alternativa permite honrar de manera distinta al devolver a nuestro ser querido a la naturaleza y contribuir con la forestación. Los familiares y amigos pueden participar en el proceso de plantación, si así lo desean, siendo parte de una ceremonia que ahora estará asociada con la generación de la vida.

Jorge Bellsola Ferrer, creador de esta iniciativa sustentable, sueña con cementerios donde se respire naturaleza: “Imagino que los cementerios serán bosques, pulmones urbanos de recreación e introspección, llenos de vida. Me imagino a la gente entrando a los bosques, sentados, caminando, mirando hacia arriba, contemplando la sensibilidad de los árboles para con el mundo. Apreciando los colores, los aromas, los sonidos, la vida”.

Además del cambio cultural y visual que esto significaría para la sociedad, es importante recordar la importancia de los árboles, ya que generan parte del oxígeno que respiramos, combaten el cambio climático y reducen la contaminación del aire, entre otras.

Hasta el momento se han realizado 420 plantaciones en los dos espacios de los que Seamos un Árbol dispone: uno en Buenos Aires y otro en el área de Yungas, donde cada plantación es parte de un proyecto de enriquecimiento de bosque nativo. ¨Sería entonces, cada vida, el motor de otra nueva. Así, la vida y la muerte, se estarían auto alimentando constantemente tal como funciona en la naturaleza”.

 

Nota por Martina Álvarez – @martinaalvarezmar #Crouch #KeepOnMoving #HappyNews 

Mujeres Guerreras

Los lunes son sagrados para Sofia Olmos (27) quien elige pasarlos en un lugar oscuro y frio donde la gente está privada de su libertad. Rubia, con ojos claros y de contextura pequeña así como se la ve, “Sofi”, entrena nada menos que al equipo femenino de rugby de la carcel: las Espartanas.

Lo hace porque cree firmemente que así puede transformar a la gente. Trabaja duro el primer día de la semana en la Unidad 47 de San Martín transmitiendo valores a través del deporte para hacerles más lindo el día. Busca que cuando vuelvan a casa sean otras y la reinserción en la sociedad sea un poquito más fácil.

El equipo se formó en noviembre de 2016.  Meses más tarde Sofía llego a ofrecer su ayuda en la cárcel. Su primer día se puso nerviosa, no estaba muy segura en donde se había metido. Había que registrarse con la policía, abrir y cerrar incesantemente candados para entrar y estaba oscuro. Cuando finalmente entró a la cancha tuvo que salir a caminar por que se le había revuelto el estómago.Al llegar las chicas se presentaron una a una y le dieron un abrazo. Se pusieron las vendas y los botines y salieron al campo de rugby.

La idea original de Sofi era escucharlas y asistir en lo que sea como profesora de educación física, carrera que termino hace ya 4 años y en la parte humana. Nunca había jugado al rugby pero quería ayudar.  Al principio solo alcanzó pelotas desde afuera hasta que escucho un “ ¿Che rubia porqué no venís a jugar?” Ella explico que no sabía y las chicas insistieron “Nosotras te enseñamos”.

Sin mucha opción Sofi paso de no saber jugar al rugby a tener que esquivar takles de las chicas de la cárcel. Le fue bien en sus primeras prácticas y se gano el respeto de las internas. Desde ese día se generó un vínculo que no pudo soltar, ir a las cárceles la llevó a sentir un compromiso que no había tenido nunca. ¨ Tenes que ir para divertirte y que ellas se diviertan. Sabes que te están esperando toda la semana y si no llegas las decepcionas, valoran mucho que les dediques tu tiempo¨.

Además de un entrenamiento se genera un vinculo especial, son muchas las veces que una de las Espartanas se abre y le cuenta su vida ¨Nunca había laburado con personas que vivieron cosas tan fuertes¨. Tuvo que aprender del léxico carcelero, entender sus códigos y armarse de paciencia.

Entrenarlas no es fácil, las condiciones del contexto en el que están son complicadas ¨Aveces te frustras, la droga está presente en las cárceles, tuvimos que poner reglas y condiciones para entrar en la cancha y que todas se comprometan a cumplirlas si querían seguir entranando¨ La constancia, la “garra” y la necesidad de un cuerpo saludable que exige el rugby generó cambios positivos en el equipo.

A Sofi le gustaría que en un futuro el compromiso del equipo sea cada vez mayor. Que tengan constancia, una rutina y sueña con que se pueda llevar la misma iniciativa al penal de mujeres que hay en Ezeiza.“Si uno abandona a las personas que están privadas de su libertad y no trata su psicología y no conversa con ellos, los aislamos y las consecuencias pueden ser peores que las razones por las que entraron¨ .  

 

Nota por Martina Álvarez – @martinaalvarezmar #Crouch #KeepOnMoving #HappyNews